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lunes, 11 de julio de 2011

Apuntes hacia una identidad mexicana IV: Conclusiones

4. Apuntes hacia una identidad mexicana
A lo largo de estas disertaciones hemos sido testigos de diferentes discursos literarios históricos que buscan esclarecer la conformación de la cultura mexicana. Responder a la pregunta ¿qué es lo mexicano? no es una empresa sencilla. Dentro de esa pregunta están reunidos un poco más de quinientos años de guerras que han impedido la consolidación como nación debido a las terribles masacres y constantes cambios de gobierno e ideología.
            El mexicano, por naturaleza, es un individuo que vive y se refugia en la dualidad. Su concepción de lo real media entre la fantasía y existente. Quizá esto sea derivación del mestizaje entre las razas española e indígena que, como apunta Paz, son culturas esencialmente rituales. Por un lado tenemos a las culturas prehispánica y su tradicionalismo pagano. Los aztecas, por ejemplo, fue una cultura en su mayoría religiosa. Cualquier decisión del Estado, tenía que ser consultada previamente a los sacerdotes, quienes preveían en sus prácticas la pertinencia de sus actos. La cultura indígena ya traía consigo aquel rasgo de inseguridad y melancolía distintivo de la posterior cultura mexicana. Quizá su nostalgia devenga del sometimiento mexica del que fueron víctimas, no lo sabemos, pero es evidente la presencia una tristeza de la cultura náhuatl. Nezahualcóyotl, el poeta más grande quizá que el pasado indígena vio florecer, es un poeta melancólico. Sus poemas giran en torno al desprendimiento del ser de este mundo, a la fugacidad de la vida y a la caducidad de las cosas, no por nada su poesía contiene los siguientes versos: Será de oro, será de jade. Todos, águilas y tigres, de uno en uno nos iremos yendo a la región del misterio. Los versos anteriores son la esencia de su poesía y han sido citados como los recordamos en estos momentos. No cabe duda que Nezahualcóyotl dejaba entrever la melancolía indígena y su temor hacia lo venidero. En su poesía, los mexicas no tienen poemas de amor, pues éste, como lo conocemos es obra del ingenio occidental. Por esta parte, la indígena, el mexicano sufre de nostalgia y de temor hacia la vida. Tenemos arraigados una inseguridad milenaria con nosotros.
            Por la otra parte, la española, hemos adoptado una práctica sincrética con el culto indígena y es la vida ritual. Si por un lado ya nuestras prácticas eran religiosas por parte de nuestro pasado indígena, esto se refuerza en los tiempos de la Conquista y la Colonia, donde la nueva civilización de lo que ahora es México terminó por adoptar el catolicismo. Con el catolicismo, el mexicano terminó por adoptar muchas malas costumbres de los españoles como la búsqueda constante de una supuesta vida fácil basada en el ocio. Para los indígenas era impensable no trabajar, el sistema en el que vivían les obligaba a hacerlo, en cambio los españoles, sobre todo los que vinieron a hacer fortuna, eran individuos que basaban su fortuna en el robo y sometimiento del otro y sí por alguna razón sus acciones rebasaban los límites morales, el catolicismos simplemente redimía mediante la confesión a sus pecadores sin dejar caer sobre de ellos alguna acción penal, a menos que estos también faltaran el respeto a la iglesia y pudieran ser acusados de herejes.
            Entre muchas otras características indígenas y españolas, el mexicano lleva en su sangre, en sus genes y en su inconsciente los vicios y virtudes de estas dos razas, de ahí que viva en esta dualidad conformada por lo real y lo imaginario.
            Paz apunta muy certeramente al hecho de que la mexicanidad se distinga por su espíritu fiestero. A pesar de la gran pobreza en la que México se hunde, nunca falta ocasión para organizar una fiesta. Es en estos espacios donde el mexicano puede salir de su mundo individual y acercarse a sus amistades. El mexicano, como ya se vio, es tímido, y aprovecha las fiestas para dejar esto atrás y comportarse como realmente le gusta. Las fiestas son espacios para el derroche de sentimientos y emociones, el mexicano no se limita y de ahí que una de las constantes en nuestra cultura sean los altos índices de alcoholismo. Ya sea porque la celebración pertenece al Estado, a la Iglesia o a un asunto personal, las fiestas en México nunca faltan. Paz afirma que los grandes países rara vez tienen fiestas, de ahí su alta posición social y sus grandes avances. En las potencias nacionales no hay tiempo para la distracción intelectual ni el derroche, en cambio, los mexicanos tienen una continua tendencia por el ocio y la convivencia social en las fiestas.
            Ya dijimos que en las fiestas el mexicano presenta un derroche de emociones el cual puede, incluso, llegar a ser violento. El mexicano siempre se siente amenazado, de ahí que sus acciones sean a la defensiva. Aún cuando la interacción no tenga un carácter belicoso, el mexicano duda y no entrega su confianza ante nadie. Es inseguro y solitario, pero si la situación lo requiere, puede mostrarse "muy hombre" y bajo el himno de "váyanse todos a la chingada" defiende su hombría y valor como mexicanos. Paz apunta que en México todo está regido por la Chingada. Son comunes las expresiones: "no me chingues", "chingón", vete a la chingada", "soy muy chingón", "chingaquedito", "son chingaderas", etc. Paz dice que esto se podría tomar del hecho de que los españoles abusaron sexualmente durante la Conquista de las mujeres indígenas, lo que da por resultado que seamos hijos de la chingada en el sentido de violada. Somos hijos de mujeres violadas, a diferencia de los españoles que son hijos de Puta, una mujer que se entrega sexualmente por dinero a diferencia de la mexicana, que es tomada por la fuerza. Estos acontecimientos son los que han creado nuestros problemas de inseguridad y, también, los que han provocado en la sociedad mexicana el gran temor hacia la vida sexual propia o ajena.
            La cultura mexicana está llena de alusiones a la vida sexual a través del albur. Sin embargo, fuera del ámbito infamatorio o burlón. Lo sexual es casi indecible. Si somos hijos de la chingada, de la mujer violada y sobajada, entonces es menester en las mujeres el recato. La sociedad exige a la imagen femenina se mantenga dentro de los márgenes del pudor y a los hombres de la cortesía. No hablar de sexo sería lo ideal para nuestra cultura, sin embargo, el morbo –otra cualidad del mexicano– hace que le sea imposible dicha empresa. Ya sea que los individuos se coloquen debajo de un puente para mirar bajo las faldas femeninas o que sean receptores de las grandes empresas de marketing, el mexicano vive bajo un constante bombardeo mediático donde lo único que existe es sexualidad, ya sea exclusivamente en campañas que tiendan a lo erótico o en las de la pornografía. En México nadie habla de sexo, sin embargo lo vemos todos los días en casa y en la calle.
            Hablábamos líneas arriba del morbo como una característica más del mexicano. Esta conducta es poco descrita tanto en Ramos como en Paz, a pesar de ser tan común en nuestra sociedad. Los mexicanos son morbosos y chismosos. Existe una satisfacción personal cuando vemos, oímos o contamos las desgracias personales de los otros. Estas conductas no revelan otra cosa sino un espíritu fetichista. Cuando en México suceden desgracias la gente no huye, sino que permanece –como si su trabajo fuera de reportero– en el lugar de los hechos. Apenas ve que pasa o se detiene una patrulla o ambulancia, el mexicano corre y rodea la escena de la tragedia. Las publicaciones que más abundan en los puestos de periódicos, además de las pornográficas, son las de nota roja. El mexicano es un individuo que se refugia en sí mismo y que encuentra placer en la empresa del fetichismo, le gusta mirar y no hacer nada. No importa si lo que sus ojos miran es sexo o muertos. El mexicano goza de ver al otro desde la oscuridad de su ser.
            En los tiempos de desgracia o de desajustes económicos es donde también el mexicano deja ver de qué está hecho. Por herencia española más que indígena, el mexicano sabe robar, y cuando se trata de derechos de autor quizá sea donde más ingenio tenga. Los mexicanos no son –en general– muy inteligentes, pero su ingenio es capaz de dejar atrás al de los chinos si la situación así lo amerita. La piratería en México no tiene igual en México. Las calles están abarrotadas de objetos piratas que van desde películas hasta lo más impensable como lo son libros. Discos y ropa piratas se venden todos los días, es un mercado en el que incluso las autoridades legales están metidas. En México la piratería existe porque la corrupción es casi natural. Las cuotas que se dan a policías y "licenciados" por debajo del agua son, en realidad, el motor económico que mueve al país. Pero el ingenio no se limita exclusivamente a la piratería. Cuando son épocas de lluvia, de sequía o de cualquier otra circunstancia, el mexicano fabrica y/o consigue mercancías inimaginables. Gorras con ventilador o con popotes para beber, sombrillas para el sol que se ajustan en la cabeza o artículos que no superan los tres pesos, son ejemplos de la creatividad e ingenio mexicano para sortear las desgracias económicas del país.
            En México, a pesar de lo que diga Ramos, sí podemos decir que se piensa en el futuro, y esto se demuestra con la infinidad de artículos obsoletos que se guardan en casa. Es común encontrar vitrinas llenas de "recuerditos" de fiestas o cuartos que únicamente almacenan basura bajo el pretexto de que algún día nos serán útiles. Realmente sí podemos afirmar  que existe una previsión hacia el futuro. Aunque esta previsión no es en sí resultado de un pensamiento cauteloso sino más bien pasional. En México, a las cosas, se les atribuyen emociones y sentimientos, de ahí que se almacene tanta basura bajo la premisa de que "trae buenos recuerdos".
            Vasconcelos, Ramos y Paz fueron intelectuales que tenían en común la curiosidad por desentrañar el misterio de lo que somos. El mexicano es un individuo oscuro resultado de innumerables mestizajes. Año con año la independencia e identidad del mexicano es celebrado en las plazas públicas de todo el país. Frente a la bandera mexicana, el grito de nuestra sociedad se levanta unísono dejando escapar quizá la frase que quizá más nos distingue: "Viva México cabrones". Esta frase encierra todo el misterio de nuestro ser. No sabemos qué es México, sin embargo, estamos seguros de su supremacía. México es orgullo pero también misterio que se expresa in la infinidad de un laberinto cósmico.
Bibliografía
        Paz, Octavio (2000). El laberinto de la soledad. FCE, México
        Ramos, Samuel (2011). El perfil del hombre y la cultura en México. Planeta, México.
        Vasconcelos, José (2010). La raza cósmica. Porrúa, México.

Apuntes hacia una identidad mexicana I: José Vasconcelos


Estamos condenados a inventarnos
una máscara y, después, a descubrir
que esa máscara es nuestro verdadero rostro
Octavio Paz
La vida personal está hecha de elecciones. La imagen de cada individuo es un collage de expresiones ideológicas. Desde la cabeza hasta los pies mostramos una manera particular de vestirnos. Y es en los accesorios que utilizamos donde, quizá, expresamos más lo que creemos ser. Aretes, anillos, pulseras, relojes, corbatas, piercings, tatuajes y hasta implantes, son objetos que elegimos llevar con nosotros por un sólo motivo que va más allá del simple gusto superficial: la identidad.
            Si bien la búsqueda de una identidad, de nuestra identidad individual, no es sencilla, mucho menos lo es cuando hablamos de una colectividad. Ya sea que se trate de una pequeña comunidad o de un gran país, la identidad y definición es esencial para el desarrollo de una sociedad.
            En América, debido a las guerras de conquista iniciadas por Europa en el siglo XV, los pueblos indígenas sufrieron de un despojo cultural que terminó con la aniquilación de sus sociedades, dejando, como consecuencia, una pérdida de identidad. Los indígenas no pertenecían a occidente, pero tampoco al medio donde habían nacido, su imagen simbolizaba una raza sin raíces, un tronco caído incapaz de alimentarse de la tierra a pesar de permanecer sobre ella. Durante siglos, como judíos errantes, los indígenas sin nombre y sin pasado vagaron por lo que antes eran sus tierras en búsqueda de una nueva identidad, pues, intentar rescatar su pasado, era una empresa que sabían imposible.
1. Vasconcelos
José Vasconcelos es, quizá, la figura pública en pro de la educación más recordada en México. A pesar de las severas críticas que el filósofo y escritor mexicano –así como su obra– puedan recibir, es innegable que Vasconcelos desempeñó una labor lúdica como ningún otro de sus contemporáneos o predecesores. Su prosa es pausada y pulida y, sus polémicas ideas, adictivas –en el buen sentido de la palabra–. Leer a Vasconcelos es, para algunos, un exótico placer .
            José Vasconcelos nació –como Juárez– en Oaxaca un 27 de febrero de 1882. Desde muy joven estudió en los mejores colegios nacionales y extranjeros. Se recibió como abogado y fue miembro fundador del Ateneo de la juventud. Durante su carrera política ocupó altos puestos dentro de la Universidad Nacional –fue el noveno rector de la institución– , como secretario de educación y candidato presidencial, campaña que le fue saboteada y arruinada. Vasconcelos fue víctima de varios atentados contra su vida, vivió en el exilio en más de una ocasión y fue criticado por su pensamiento utópico, el cual se aprecia en su obra La Raza Cósmica publicada en 1925.
            La raza cósmica es un breve ensayo en el cual Vasconcelos explica el proceso de creación de lo que él llama "la raza cósmica" o "quinta raza". Si bien no todas las ideas de este ensayo son vigentes y aceptadas, el análisis utópico futurista es sumamente interesante gracias a las relaciones interculturales que se describen.
            Vasconcelos, con cierto temor, apuesta por el mestizaje como un medio de mejoramiento de la raza humana. Esta es la tesis central de su ensayo, el cual es, a grandes rasgos, una hipótesis de un posible futuro para la humanidad en el cual, si el mestizaje favoreció a la raza, el mundo será un lugar de prosperidad, pero si sucede lo contrario, y el mestizaje degrada la especie, se perderán las civilizaciones. A manera de ejemplo, Vasconcelos cita a la raza egipcia la cual, después de mezclarse, levantó el segundo gran imperio:
Se presume entonces que ya para la época del segundo imperio, se había formado una raza nueva, mestiza con caracteres mezclados de blanco y de negro, que es la que produce el Segundo Imperio, más avanzado y floreciente que el primero. La etapa en que se construyen las pirámides, y en que la civilización egipcia alcanza su cumbre, es una etapa mestiza. (Vasconcelos, 2010: XVI)
            Posterior al imperio egipcio, Vasconcelos ejemplifica el éxito del mestizaje en civilizaciones posteriores, estas son la griega, en primera instancia, y la romana en segunda. En ambas culturas el mestizaje se dio entre razas blancas a diferencia de la egipcia, donde se dio entre blancos y negros. Los ejemplos anteriores más otro correspondiente a la invasión de los bárbaros, son un preámbulo para justificar la supremacía de la raza Europea. Si el mestizaje es entre razas símiles el resultado es rápidamente positivo en cuanto al desarrollo de las nuevas razas, pero, si esta mezcla se da entre razas distantes, como es el caso de la europea y la prehispánica, los resultados positivos tardarán más en manifestarse, sobre todo, si no se da –también– una mezcla espiritual, como es el caso de los Estados Unidos de Norteamérica, donde las razas dominantes son las blancas, pero siempre en concordancia con la especie negra, que aportó una fuerza espiritual a la cultura. En palabras de Vasconcelos, los Estados Unidos fueron un crisol donde se fundieron las distintas clases europeas. El papel del blanco es fundamental para el mestizaje, es la raza que servirá de puente para la configuración de la quinta raza:
Es claro que el predominio del blanco será también temporal, pero su misión es diferente de la de sus predecesores; su misión es servir de puente. El blanco ha puesto al mundo en situación de que todos los tipos y todas las culturas puedan fundirse. La civilización conquistada por los blancos, organizada por nuestra época, ha puesto las bases materiales y morales para la unión de todos los hombres en una quinta raza universal, fruto de anteriores y superación de todo lo pasado. (Vasconcelos, 2010: 5)
            Aparecen justo después de la cita anterior, las primeras características de lo mexicano señaladas por Vasconcelos. Durante el periodo de la conquista, España consiguió para sí gran parte del territorio americano, mientras que los Estados Unidos se tuvieron que conformar con una parte del territorio del norte. Posterior a la revolución francesa, las diversas colonias europeas en América comienzan a luchar por su Independencia, tal es el caso de México, que comienza este proceso en el siglo XIX. Las guerras en América sucedían contra Europa y los mismos territorios del continente, y es en ese periodo cuando Estados Unidos comienza a conquistar nuevos territorios cada vez más al sur. La Nueva España perdió mucho de su territorio y, como consecuencia de la guerra de Independencia, decide romper sus relaciones tanto con los Estados Unidos como con el resto de los países latinoamericanos. Vasconcelos apunta aquí una cualidad de los mexicano, el resentimiento y el egoísmo. A diferencia de México, Estados Unidos nunca rompió sus nexos con Inglaterra y Austria y Vasconcelos afirma que los estadounidenses se sienten tan ingleses como los ingleses. Pero en México no es así, y el país se hunde en supuestos patriotismos egoístas sin darse cuenta que sigue bajo el mandato de los gobiernos extranjeros. México se escuda tras de su bandera, llamada "trapito" por Vasconcelos, para luchar por sus supuestos derechos y libertades cuando ni siquiera ha sido capaz de asimilar y aceptar su pasado indígena:
Si nuestro patriotismo no se identifica con las diversas etapas del viejo conflicto de latinos y sajones, jamás lograremos que sobrepase los caracteres de un regionalismo sin aliento universal y lo veremos fatalmente degenerar en estrechez y miopía de campanario y en inercia impotente de molusco que se apega a su roca. (Vasconcelos, 2010: 8)
El estado actual de la civilización nos impone todavía el patriotismo como una necesidad de defensa de intereses materiales y morales, pero es indispensable que ese patriotismo persiga finalidades vastas y trascendentales. Su misión se truncó en cierto sentido con la Independencia, y ahora es menester devolverlo al cauce de su destino histórico universal. (Vasconcelos, 2010: 8-9)
            El error en México fue haber renegado de nuestras tradiciones. Los Estados Unidos se emanciparon políticamente de los sajones, pero no tradicional ni culturalmente. Aquí se intentó cortar de tajo con el pasado y la sociedad quedó un vaivén que oscila entre la nada. Con la guerra de Independencia la supuesta nación mexicana se hundió más. Afirma Vasconcelos que la Independencia se vio desfavorecida cuando se  llevó a cabo con unos planes cuyos objetivos eran intrascendentales. La sociedad se conformó con fundar "nacioncitas y soberanías de principado". Había una obsesión localista, ciega a la búsqueda de un mundo mayor, el cual conquistaron los norteamericanos, pero a costa de eliminar a sus habitantes nativos. Caso contrario es México y, por tanto, es digno de resaltar ya que, quizá en la mezcla con la raza indígena, se halle la clave del desarrollo y perfeccionamiento mexicano:
[...] pero cometieron el pecado de destruir esas razas, en tanto que nosotros las asimilamos, y esto nos da derechos nuevos y esperanzas de una misión sin precedentes en la Historia. (Vasconcelos, 2010: 14)
            Los Estados Unidos tenían la misión de convertirse en imperio y por eso su tarea se ha logrado más rápidamente que la nuestra –según afirma Vasconcelos–, que no es sino perfeccionar la especie a través de un mestizaje basado en el amor y en la conciencia. Los Estados Unidos representan la figura de los últimos imperios de la raza blanca, sin embargo México, y en general América Latina, es el nuevo crisol donde confluyen las razas de todo el mundo. El mestizaje se da en todos los sentidos y en todas las razas, ya sea vía sexual o espiritual.
Tantos que han venido y otros más que vendrán, y así se nos ha de ir haciendo un corazón sensible y ancho que todo lo abarca y contiene, y se conmueve; pero henchido de vigor, impone leyes nuevas al mundo. Y presentimos como otra cabeza, que dispondrá de todos los ángulos, para cumplir el prodigio de superar a la esfera. (Vasconcelos, 2010: 18)
            Para que la civilización alcance su mayor esplendor es necesario que pase primero por dos etapas, las cuales la llevarán a una tercera y última fundada, no en las reglas, sino en la inspiración. Estos tres estados mencionados por Vasconcelos son: el material o guerrero, el intelectual o político y el espiritual o estético. Actualmente, según Vasconcelos, nos encontramos ya en el segundo estado perteneciente al mundo intelectual y, para llegar al tercer y final estado, es necesario atravesar unas pruebas necesarias en el desarrollo del ser:
Desgraciadamente  somos  tan  imperfectos,  que  para  lograr semejante vida de dioses, será menester que pasemos antes por todos los caminos, por el camino del deber, donde se depuran y superan los apetitos  bajos,  por  el  camino  de  la  ilusión,  que  estimula  las aspiraciones más altas. Vendrá en seguida la pasión que redime de la baja  sensualidad. Vivir  en  pathos,  sentir  por  todo  una  emoción  tan intensa, que el movimiento de las cosas adopte ritmos de dicha, he ahí un rasgo del tercer período. A él se llega soltando el anhelo divino para que alcance, sin puentes de moral y de lógica, de un solo ágil salto, las zonas  de  revelación.  Don  artístico  es  esa  intuición  inmediata  que brinca sobre la cadena de los sorites, y por ser pasión, supera desde el principio  el  deber,  y  lo  reemplaza  con  el  amor  exaltado.  Deber  y lógica, ya se entiende que uno y otro son andamios y mecánica de la construcción; pero el alma de la arquitectura es ritmo que trasciende el  mecanismo,  y  no  conoce  más  ley  que  el  misterio  de  la  belleza divina. (Vasconcelos, 2010: 25)
            En más de una ocasión Vasconcelos recalca la importancia de fundar la nueva raza en el amor, si los actos no son sinceros y desinteresados, la raza cósmica no puede estar completa. Para que esta nueva especie logre su aparición, las razas de todo el mundo deben ceder, olvidarse de toda pureza racial. La raza cósmica se caracteriza porque deja lo racional para vivir en la fantasía.
            El mexicano se desprendió del dominio español para caer en el norteamericano. Vasconcelos apunta que esto era inevitable aún cuando fuera previsible, pues es condición natural de los pueblos ser sometidos durante largos periodos, sin embargo, actualmente es reversible el yugo bajo el cual permanecemos si nos enfocamos en crea ciencia y vida propia: "Si no se libera el espíritu, jamás lograremos redimir la materia". (Vasconcelos, 2010: 30)
            La raza cósmica es un texto donde se habla poco del mexicano, pues la tesis central de este ensayo es recalcar la importancia del mestizaje en América y no realizar un estudio sobre la condición del mexicano. Vasconcelos, a través de diferentes teóricos –que van desde científicos hasta filósofos y religiosos– construye un discurso filosófico muy similar en estructura y prosa a los diálogos de Platón, incluso él mismo cita, casi al final de su ensayo a Fedro.
            Para Vasconcelos lo más importante era el amor y la belleza. La influencia grecolatina en su prosa y pensamiento es más que evidente. Escritores como él han habido pocos. Sin duda es un ejemplo de la gran calidad intelectual de la que gozaba la política de antaño.
                  La raza cósmica, como el resto de la obra vasconcelista, es una prosa que se debe leer con mucha minuciocidad so pena de caer en el error garrafal de la crítica insulsa. Vasconcelos creía en la ciencia, la filosofía y las culturas de la antigüedad. Su ensayo está repleto de referencias a Hermes Trismegisto, a la tabla Esmeralda, a Lemuria, a la Atlántida y los atlantes, a las tradiciones sagradas del antiguo Egipto así como a su enigmático Libro de los Muertos. Nos guste o no, el pensamiento vasconcelista es sumamente religioso y filosófico, evidencia de esto, además de lo ya mencionado, es la pitagórica conclusión que nos ofrece al final de su ensayo, donde nos demuestra cómo su pensamiento se ajusta perfectamente al número ocho, símbolo de la igualdad de razas, destino que, aunque sabía nunca vería, creía posible si los actos de los hombres, como los de Jesucristo, eran regidos por el amor a la humanidad entera, simbolizada por cuatro razas equivalentes, quizá, a los cuatro elementos primordiales manejados también por Pitágoras y que dan como resultado, después de su fusión, un quinto elemento, una quintaesencia –como en la alquimia–, una quinta raza, la raza final, la raza cósmica.

Bibliografía
        Paz, Octavio (2000). El laberinto de la soledad. FCE, México
        Ramos, Samuel (2011). El perfil del hombre y la cultura en México. Planeta, México.
        Vasconcelos, José (2010). La raza cósmica. Porrúa, México.



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