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domingo, 7 de enero de 2018

José Emilio Pacheco - Antología del Modernismo (PDF)


Texto de la contraportada:

Al escribir el prólogo de esta ya indispensable antología, publicada originalmente en 1970, José Emilio Pacheco identificaba algunos de los componentes sociales y culturales que caracterizaron al modernismo mexicano (particularmente los problemas) con rasgos actuales, y así se sumergía en aquella expresión finisecular –de finales del XIX y principios del XX– con lucidez y empatía.
     Pero, ¿qué es lo que sucedió exactamente entre "La Duquesa Job" de Gutiérrez Nájera y "El sueño de los guantes negros" de López Velarde? La respuesta ofrecida por Pacheco es ejemplar: parte de un contexto sociocultural amplio, universal, y lo va cerrando hasta concentrarse en el puñado de sensibilidades que escribieron en los días de Victoriano Huerta. Pues es imposible entender el modernismo y la "lengua muerta" de la que se nutrió, asevera el antologador; sin entender el cincel histórico, político y cultural  que le dio forma.
     Si la imagen de los zapatistas entrando al jardín ajaponesado de Tablada es un recurso plástico utilizado por el autor de este libro para enfatizar un hecho, la agonía del modernismo, es probable que el espíritu de ese movimiento aún tenga un par de cosas que enseñarnos en nuestros días.
     Antología del modernismo es mucho más que una muestra poética: es la explicación, puntual y panorámica a un tiempo, de un momento sensible de nuestra madurez como país; es una instantánea de una época que brilla todavía en sus voces y sus obras, protegidas para siempre por el blindaje del arte.

Descargar:



viernes, 24 de agosto de 2012

22 Adán, poeta

La poesía es lenguaje, pero el lenguaje no es poesía.
   

   Quiso decir «fuego», le salió una llamarada por la boca. Con terror dijo «abejas», vomitó un enjambre. Ya más cauteloso murmuró «trigo», la lengua se le cubrió de semillas. Estuvo tentado a decir diamantes, perlas, oro, pero aquello se le mezcló con tarántulas, tigres, excremento. Después de horas de mudez, concretando sus ensueños, exclamó «Eva». Le vino un dolor atroz a las mandíbulas, la boca se le fue abriendo de más en más. Mientras una cabeza provista de abundante cabellera comenzaba a surgir partiéndole los dientes, fue perdiendo la respiración y luego la conciencia. El cuerpo de la hermosa mujer, formada con los huesos y la carne de aquel primer hombre, surgió de la piel vacía.


De: El tesoro de la sombra de Alejandro Jodorowsky.



martes, 17 de enero de 2012

"Yo, el Tarot" de Alejandro Jodorowsky


Extracto del prefacio:

Yo, el Tarot es un poemario de Alejandro Jodorowsky en el cual el autor deja que el Tarot nos hable a través de cada uno de los veintidós arcanos mayores que lo componen. En esta obra, Jodorowsky nos propone un viaje iniciático cuyo origen está representado por el estallido primordial de El Loco, quien se lanza –acompañado por un perro azul: el ego– en una búsqueda de autoconocimiento representada por cada uno de los Arcanos que se muestran en su camino. El final de este recorrido es el Arcano XXI: el Mundo, un ser andrógino que ha domado su ego –que de perro azul se ha transformado en una bella mandorla que rodea al andrógino– y armonizado sus cuatro centros –intelectual, emocional, sexual y físico– para unirse al Gran Todo.

Descargar Yo, el Tarot de Alejandro Jodorowsky:
 
 

jueves, 12 de enero de 2012

«Todas las piedras» de Alejandro Jodorowsky (Edición digital)



La presente edición digital de Todas las piedras tiene su origen en la recopilación de los poemas de Alejandro Jodorowsky que él mismo publicó vía Twitter durante los últimos meses del año 2010. Durante cincuenta días, Alejandro twitteó diez poemas diarios hasta completar los quinientos poemas que en esta edición se ofrecen y que originalmente tardó quinientos días en escribir.

El siguiente texto es un extracto de su poemario:

“Durante 500 días, cada mañana, busqué escribir, con el mínimo de palabras, un sentimiento o pensamiento que me ayudara a soportar mejor los embates de ese sueño implacable que llamamos realidad”
“Abatí los límites entre poemas y aforismos, para hacerlos progresivamente más compactos, hasta alcanzar la consistencia de un pedrusco”


Para descargar este libro visita el siguiente enlace:

Descargar Todas las piedras aquí

Partí del vacío (1) y llegué a ser lo que soy (500):
un simple canal.
Lo que digo ni yo lo creo (de crear) ni me pertenece.

Palabras de Alejandro Jodorowsky
en Twitter después de publicar
el último poema de su libro
Todas las piedras.

sábado, 23 de julio de 2011

Silencios en abismo: La poesía mortal de José Pascual Buxó


Cuando por un decreto de las fuerzas supremas
aparece el poeta en el tedio del mundo,
su madre, horrorizada, de blasfemias henchida,
alza hasta Dios, piadoso, sus dos puños crispados:
–«¡Ah! ¿por qué no parí todo un nido de víboras
en vez de alimentar esta triste irrisión?
¡Maldita sea la noche de efímeros placeres
en la cual concibió mi vientre su castigo!»
Baudelaire

El posmodernismo es el tiempo de la soledad. Un tiempo donde el poema busca su esencia poética pura más allá de los límites esclavistas del lenguaje. Ni el poema ni el poeta tienen un lugar dentro del posmodernismo, sin embargo, paradójicamente tampoco lo tienen fuera de él; el modernismo se encargó de echar abajo las tradiciones y sistemas clásicos y, con estos, la oportunidad de refugiarse en el pasado.
            José Pascual Buxó representa de manera dual al poeta posmodernista que ha sido exiliado: en primer lugar, huyó de su natal España cuando ésta se encontraba matizada por los albores de la Guerra Civil Española; y, en segundo lugar, es un exiliado de la poesía: Dónde escribir poesía si no es fuera de ésta. Buxó no pertenece a la generación de los poetas vanguardistas, su mundo se articula tambaleante sobre los cadáveres que la guerra y la ruptura con las tradiciones han dejado a su paso.
            Con la degradación de las vanguardias y de las incipientes expresiones artísticas del siglo XX se dio pasó a la posmodernidad y, con ello, a un vacío en la poesía. El primer poema de Pascual Buxó titulado "¿Dónde el poema?" –que aparece en su primer poemario Tiempo de soledad (1954)– así lo muestra ya desde el título –tanto del poemario como del poema–, en el cual se alude a ese espacio desconocido en que el poema existe como una entidad nueva –reformulada– y, por tanto, desconocida –redescubierta–:
¿Dónde el poema?

Fuera de mí
su huella
–la del agua–
en la palabra abierta.

Dentro de mí
su lumbre
–su sonido–
embistiendo en la niebla.
            El poema es para Buxó una entidad desterrada –exiliada– que busca un nuevo terreno donde arraigarse. Una vez que la modernidad arrasó con las tradiciones estéticas e ideológicas, es menester de la nueva poesía posmoderna elegir uno de los dos senderos que se le presentan: aprender a vivir en la soledad e incertidumbre o rehacer un nuevo mundo, pero no con el polvo que la modernidad ha dejado tras de sí–pues sería caer en los errores del pasado– sino con la esencia original del mundo y del cosmos: la poesía.
            En "¿Dónde el poema?" la poesía tiene lugar entre la incertidumbre de dos elementos arquetípicos: el agua, si la poesía es externa al poeta; y el fuego, si ésta arde en los terrenos del alma. Es notable que la presencia de ambos elementos arquetípicos se dé entre aquellos que son contrarios –agua/fuego– y no entre los que se retroalimentan –fuego/aire por ejemplo– provocando que, para que la poesía subsista más allá del dominio que tiene para sí, uno de los elementos ceda. Si es el fuego, la poesía encuentra su lugar en las limitaciones del lenguaje; si por el contrario, la esencia poética alimenta su llameante fulgor, la poesía es a través de las infinitas manifestaciones del sonido, libres de toda forma carcelaria como lo es el lenguaje. La poesía entonces, como un rayo de sol en la noche, se abre paso en el abismo del ser «embistiendo en la niebla». Reminiscencia, quizá, del "daemon" platónico.
Arde el silencio, lo empujan,
puntas de metal, palabras.

Desde tu morada oscura
¡hasta dónde,
sangre mía,
te levantas!

Cae el silencio, un manto
de arena desaforada.

Sangre mía
¿hasta dónde te acorralan?
            Segundo poema de Buxó perteneciente al poemario líneas arriba citado. El silencio arde, víctima quizá de aquella lumbre sonora enunciada en el poema anterior y que ahora, confusamente, se torna en palabras. Antes, el fulgor poético no necesitaba del lenguaje para ser, bastaba con los sonidos, sin embargo, ahora aquel fuego primigenio aquí se torna en metálicas palabras de hostil punta empujando al silencio al tiempo que éste arde.
            El poeta clama para sí. Se repliega en su abismo interior cuestionando, «¡hasta dónde, sangre mía, te levantas!». En el alma poética ya no brilla la lumbre del poema anterior, sino que la sangre bulle y se levanta hasta alturas desconocidas, de ahí la pregunta ¿hasta dónde te levantas?
            «Cae el silencio», cómo entender este verso. Por un lado, puede ser una derrota ante las "puntas de metal". El silencio ha caído, ha muerto y la poesía bulle –como la sangre– buscando su forma en las palabras de un lenguaje que se muestra como un «manto de arena desaforada». Por otra parte, decir, «Cae el silencio», puede ser una referencia a la llegada inminente del mutismo, de la afonía, de un mundo exento de cualquier sonido. El "silencio" se hace presente tras su muerte ante las metálicas puntas. Cristo resucitó al tercer día, y el silencio en el tercer verso. El primero para asegurar la vida dichosa y eterna del hombre; el segundo para estrujar su corazón posmodernista y recordarle la miseria y soledad a que está confinado. ¡Dios ha muerto! cantaban los nuevos hombres de la modernidad al tiempo que pisoteaban los restos del que fuera eterno alguna vez; sin embargo, en el posmodernismo Dios ha desaparecido, y con él las esperanzas de salvación de la estirpe humana.
            El poema anterior finalmente concluye con la pregunta "¿hasta dónde te acorralan?". Si optamos por que el tercer verso denota la victoria de las metálicas palabras sobre el silencio,  nos encontramos ante un asedio, por parte de las "puntas de metal" hacia la sangre del poeta. En cambio, si aceptamos la calidad posmodernista del silencio resucitado, estamos frente a la dominación de la sangre por parte de un mutismo manifiesto en un "manto de arena desaforada". Cualquiera que sea el final que decidamos atribuirle al poema, nos encontramos ante una aniquilación violenta del ser, ya sea por parte del empuje mortal de las palabras o por el asfixiante y desolador silencio posmodernista. Lo que postreramente el poema deja ver es una poesía mortal, final, perecedera enmarcada dentro de los límites de la desesperanza.
¡Qué desierta la noche!
Oscuras aguas llegan,
silenciosas;
hierro móvil aprieta.

¡Qué desierta ciudad
y más desiertas
señales luminosas,
faros ciegos,
incendiados ojos en tiniebla!

Despiertan en la costa,
luces mueven,
apartan a brazadas
y a cuchillos
soledades y esperas.


(–¡Izad banderas, náufragos,
alerta!)

Allá en el horizonte
–tan débil– una herida
de blanca soledad
reluce y tiembla.

Un palpitante hálito pregona
estallidos de voz.

Nada resuena

Sólo el silencio sube
–tan sonoro en la sangre–
hasta el oscuro mar.
Nadie se mueve.
            La noche es el escenario donde este tercer poema de Buxó –presente en el mismo poemario de los dos poemas anteriores– se desenvuelve. Una noche desierta que se extiende sobre un mar oscuro, su inmenso espejo, creando en la mente del lector la imagen de un lugar oscuro, abismal, similar al cosmos o, quizá más atinadamente, al mundo posmoderno. La segunda estrofa inicia y aparece una compañera de la noche, la ciudad, desierta también por el hombre y sólo habitada por pequeñas luces: «faros ciegos, incendiados ojos en tiniebla» similares a la luz que El Ermita del Tarot de Marsella sostiene en su mano derecha al tiempo que, con su bastón, avanza entre la espesura de la niebla. El Ermita se mueve a tientas, como las tenues luces del poema.
            La costa se llena de luces y, como el viejo del bastón y la linterna, apartan a cuchillazos «soledades y esperas». Hay esperanza. Las banderas se levantan ante la inminente llegada de los náufragos del oscuro mar. Aparece la luna. Inmensa, como «una herida de blanca soledad» que se tambalea como la frágil de los hombres que desde su triste altura mira. Una voz. El sonido irrumpe en la noche, voces y gritos se acercan a las costas, las luces tiemblan, la luna enmudece, la noche se muestra atenta ante la feliz llegada de la esperanza, pero nada aparece, «Nada resuena». Sólo hay silencio, soledad en el mundo, oscuridad en el mar y un deseo por decir callado en la sangre.
            El posmodernismo es una tierra baldía de poetas errantes y malditos. Ya desde el epígrafe de Baudelaire observamos la soledad a que el poeta está confinado. Como el Ermita del Tarot, Pascual Buxó nos ofrece una poesía donde el tiempo, la soledad y la muerte son ejes clave para el desarrollo del poema. La poesía de Buxó es cíclica, siempre regresa al origen, a su punto de partida. Tiempo de soledad es el primer poemario con el que Buxó comienza su indagación poética para "clausurarla", años después, con Lugar del tiempo, la presencia del "tiempo" en su primer poemario, así como en el último, es capital para lograr el círculo poético donde se instaura su oscura percepción del mundo. La poesía de Buxó representa un ouroboros alquímico-poético donde el hombre, el poeta y la poesía se hacen presentes a través de sus silencios en abismo.

José Pascual Buxó
en las Sextas Jornadas de Poesía Latinoamericana
celebradas en Puebla durante el mes julio de 2011
como un homenaje a su poesía.

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